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  • Jorge Domingo Ferrando

Portugal, la reina del baile

Actualizado: jun 6


FOTO: EFE

En Portugal te puedes divorciar a distancia, desde el sofá de tu casa y sin tener que verle la cara a tu futuro exmarido o exmujer. Así lo ha aprobado el Gobierno luso este pasado jueves, junto con otras medidas destinadas a agilizar diversos trámites paralizados por la crisis del coronavirus. Claramente, el país luso está adelantando al mundo por la derecha y sin despeinarse. No podemos obviarlo, Portugal se ha convertido en la reina del baile en Europa.

La gestión que está haciendo el Gobierno portugués de la crisis sociosanitaria provocada por la Covid-19 ha recibido halagos desde todos los rincones del continente y ha colocado al país en el centro del debate político. Pero lo cierto es que el país del fado lleva sorprendiendo al mundo desde hace ya algunos años.

Contra todo pronóstico, Portugal ha dejado de ser un estado pobre del sur de Europa para convertirse en un referente para la Unión Europea, mostrando una forma diferente de hacer las cosas y, además, con buenos resultados.

El Gobierno “chapuza”


“Geringonça”. Este término portugués, que significa “chapuza”, es el que se utiliza para referirse al gobierno del socialista António Costa, quien ostenta el cargo de primer ministro con el apoyo del Bloco de Esquerda y la Coalición Democrática Unida, formada a su vez por el Partido Comunista y los Verdes.

Esta chapuza, que se ha revelado nada desastrosa para el país, se inició tras las elecciones de 2015, cuando Costa y sus aliados consiguieron quitarle el poder al conservador Pedro Passos Coelho. Y algo debieron hacer bien, porque cuatro años después, en los comicios de 2019, consiguieron revalidar en las urnas la chapuza.

Desde la llegada al poder del Partido Socialista, Portugal ha sido protagonista de un milagro económico que ha dejado boquiabierto hasta al mismísimo Fondo Monetario Internacional. El que fuera primer subdirector gerente de la institución, David Lipton, afirmó en marzo de 2019 que la recuperación económica del país luso era “una lección para el resto de Europa, incluso para el mundo".

La crisis financiera de 2008 afectó tremendamente a la economía portuguesa, dejando al país al borde del colapso y con una enorme tasa de paro. Las autoridades se vieron obligadas a pedir un rescate en Europa por valor de 78.000 millones de euros con unas durísimas condiciones impuestas por la troika –FMI, Comisión Europea y Banco Central Europeo– para poder salvar los muebles.


Ante esta situación, el Gobierno de Passos Coelho decidió que la respuesta sería austeridad y recortes, pero la cosa no parecía remontar.

Con la llegada al poder de Costa y su equipo, las directrices en la política económica del país cambiaron tremendamente. Una de las primeras decisiones que adoptó el nuevo Ejecutivo fue abandonar las recetas de la austeridad como hoja de ruta para la recuperación económica y apostar por el gasto público.


Para ello, eliminaron los recortes a los salarios, a las pensiones y a la seguridad social y estimularon la creación de empleo con incentivos fiscales a las empresas.

¿Cuáles fueron los resultados de esta estrategia? Bueno, el desempleo en Portugal alcanzó su máxima cifra en 2013, cuando el 17,4% de la población activa estaba en paro. En febrero de 2020, este dato se había reducido hasta el 6,5%.

FUENTE: El Economista

Asimismo, tras décadas con unas cuentas públicas en déficit –del 11,4% en 2010– Portugal cerró 2019 con superávit del 0,2% y un crecimiento del 2,2% de su PIB. Sin duda, cifras históricas para el país.

El turismo, además, ha jugado un papel central en esta recuperación y se ha revelado como un motor central de la economía lusa, con un récord de ingresos en 2018 y con 27 millones de visitantes en 2019, un 7,3% más que el año anterior. Esto, junto con el aumento de las exportaciones, ha permitido a Portugal vivir este renacer económico.

FUENTE: El Economista

No obstante, es necesario decir que ni Portugal ni las políticas del Gobierno de Costa son los únicos responsables de la mejora de la economía portuguesa.


Sin duda, la buena marcha de otros socios europeos, como España o Alemania, que son dos de los tres principales países a los que exporta Portugal, o algunas de las medidas adoptadas por el anterior Gobierno de Passos Coelho han ayudado a la buena marcha del país.

Gestión de la pandemia


Ahora, en plena pandemia del coronavirus, Portugal ha vuelto a alzarse como un referente al mantener a raya la infección y dar una lección de verdadero patriotismo con una oposición crítica, pero leal.

Para empezar, Portugal fue el último país infectado de la Europa occidental. Los dos primeros casos de coronavirus, ambos exportados de Italia y España, no se conocieron hasta el 2 de marzo.

Tan solo 11 días después, el 13 de ese mismo mes, el primer ministro decretó el estado de alerta. Ese mismo día, Pedro Sánchez hizo lo propio con la declaración del estado de alarma en España. La diferencia: Portugal contaba con apenas 112 positivos y ningún muerto y España, 6.000 contagiados y 132 fallecidos.

Con el estado de alerta, se suspendieron las clases y las competiciones deportivas, se cerraron discotecas y bares y se limitó el aforo en los centros comerciales. Para algunos estas medidas eran excesivas dada la baja incidencia del coronavirus en el país.

Sin embargo, el Ejecutivo, lejos de dejarse influir por dichas críticas, decretó el estado de emergencia cinco días después, lo que suponía el cierre de comercios no esenciales y el confinamiento general de la población.

Todo apunta a que la prudencia y anticipación del Gobierno han funcionado, pues, actualmente, Portugal ha pasado al estado de calamidad pública, un escalón por debajo del de emergencia y que ya permite la vuelta a parte de la actividad económica.


Además, los contagios no superan los 27.406 y el número de fallecidos asciende a 1.126[1]. Es evidente que Portugal ha resistido mejor a la embestida de la Covid-19 que otros países de su entorno.

La oposición que todos quieren


También la oposición portuguesa ha demostrado ser mejor que la de muchos socios europeos, incluido España. “Señor primer ministro, cuente con nuestra colaboración. Todo lo que podamos, ayudaremos. Le deseo coraje, nervios de acero y mucha suerte. Porque su suerte será nuestra suerte”. Estas fueron las palabras con las que el líder de la oposición, Rui Rio, ofrecía su apoyo sin reservas al primer ministro.


Acostumbrados como nos tienen los líderes políticos a la falta de consenso, incluso en las cuestiones más importantes, Rio dio una lección sobre el verdadero patriotismo y demostró que el apoyo a un gobierno de otro signo político no tiene por qué significar un suicidio electoral.


Además, la postura adoptada por el líder de la oposición no impide las críticas a la gestión del Gobierno. De hecho, las ha habido, pero no en el contexto de polarización que, por ejemplo, vive España.

Si bien es cierto que la unidad política no garantiza el éxito en la gestión de una pandemia, la ausencia del constante conflicto partidista del “y tú más” ayuda, y mucho, a reducir la crispación social.

Por supuesto, no se puede olvidar el discurso que pronunció Costa para denunciar la insolidaridad dentro de la Unión Europea en la articulación de una respuesta común a la crisis del coronavirus.


El primer ministro portugués calificó de “repugnante” las palabras del ministro neerlandés de Finanzas, Wopke Hoekstra, quien escenificó abiertamente la postura de algunos países del norte de Europa de no hacer frente a la deuda derivada de la crisis del coronavirus de manera conjunta.

También, el pasado abril, el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, aseguró que era el momento de que los bancos correspondieran al enorme sacrificio que la población portuguesa había hecho durante la pasada crisis financiara para salvarlos de la ruina.


Cada portugués contribuyó para hacer viables los bancos. En este momento, sabiendo que la banca está estabilizada, es una ocasión de retribuir a los portugueses lo que hicimos”, afirmó De Sousa. Sin duda, unas declaraciones que no se escuchan todos los días y mucho menos en boca de un presidente.


Lo que está por venir


Portugal ha demostrado en los últimos cinco años que tiene su propia manera de hacer las cosas y conseguir buenos resultados. Sin embargo, es importante no dejar que estas cifras oculten las amenazas que se esconden en el futuro.


Antes de la aparición del coronavirus, la desaceleración de la economía mundial y la enorme deuda que arrastra el país –que asciende al 117,3% del PIB– ya acechaban desde la sombra.

Ahora, la pandemia ha obligado a paralizar toda la actividad económica durante semanas y está por ver qué consecuencias tendrá esto a medio y largo plazo, más allá del aumento del desempleo y del gasto público que ya se ha producido.


Además, la joya de la corona de la economía lusa, el turismo, que representa el 8,5% del PIB nacional, se está viendo tremendamente afectada.

Por el momento, Portugal ha sido capaz de capear el temporal y sobrevivir para narrarnos su victoria. Puede que la historia se repita en su lucha contra el coronavirus y la crisis económica que traerá consigo, o puede que no. Habrá que esperar. No obstante, sí podemos adelantar que, al menos, su clase política ha estado a la altura. Y creedme cuando os digo que eso ya es tener la mitad de camino andado.




____________ [1] Datos actualizados a 10 de mayo de 2020.

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