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  • Jorge Domingo Ferrando

La violencia de género sí existe


FOTO: Cadena Ser

Existe un tipo de violencia en España y en el mundo entero que, tristemente, sí tiene género. Existe un tipo de violencia que solo sufren las mujeres por el hecho de serlo. Y esto es una realidad irrefutable e indiscutible. No porque lo digan ciertos sectores políticos o de la sociedad civil, sino porque así lo confirman los datos.

En lo que llevamos de 2020, ya han sido asesinadas 21 mujeres a manos de sus parejas o exparejas. La última el 14 de junio en Úbeda. El asesino, marido de la víctima, acabó también con la vida de sus dos hijos, de 12 y 17 años. Posteriormente, se suicidó.

Las estadísticas oficiales facilitadas por el Gobierno de España se remontan hasta 2003, primer año del que se tienen datos específicos sobre esta tipología de violencia. A fecha de hoy, el total de mujeres asesinadas asciende hasta 1054.

Mujeres víctimas mortales de la violencia de género y números de hijos e hijas que han quedado huérfanos como consecuencia. FUENTE: Ministerio de Igualdad

Para observar el dato con algo de perspectiva y poder comprender la magnitud del problema, es útil compararlo con la tasa de mortalidad de otros fenómenos o actos violentos. Por ejemplo, la organización terrorista ETA asesinó en sus 40 años de historia a 864 personas, según la Audiencia Nacional, mientras que en el 11-M murieron 192 víctimas.

Las cifras son incontestables y parece que negar la existencia de una violencia estructural contra las mujeres no parece muy razonable, menos todavía si se ocupa un cargo público. Sin embargo, en Vox no han tenido problema en afirmar repetidamente que “la violencia no tiene género”. De hecho, esta semana lo han vuelto a hacer.

Este martes se debatía en el Congreso de los Diputados la Proposición no de Ley presentada por el PSOE en la que se instaba al Gobierno a “combatir el negacionismo de la Violencia de Género” que impregna el discurso de la ultraderecha.

La diputada de Vox Macarena Olona afirmó, nuevamente, desde la tribuna de oradores del Parlamento que “la violencia no tiene género” en una intervención que rozó la teatralidad. Además, añadió que no permitirán que “se criminalice al varón, que se le haga potencial asesino y maltratador”, porque no aceptan que “la violencia esté en el ADN masculino”.

El objetivo que persigue la ultraderecha con este discurso es, una vez más, el de crispar y enfrentar. Su planteamiento es claro: si eres hombre, no puedes sumarte a la lucha contra la violencia de género porque se trata de una cruzada ideológica y hembrista que te ataca de manera frontal.

Pero nada más alejado de la realidad. Combatir la violencia de género tiene poco o nada que ver con combatir al género masculino. Se trata de una lucha centrada en erradicar la desigualdad estructural que cimienta nuestra sociedad. Una desigualdad que tiene su máxima expresión en los asesinatos machistas, pero que deja por el camino millones de situaciones cotidianas que son discriminatorias con las mujeres.

Además, el discurso de Vox es peligroso porque invisibiliza el origen de la violencia y oculta sus causas. Para ellos y ellas, la violencia machista no es específica o diferenciable de otros tipos de violencia y la respuesta que ofrecen para contestarla es un endurecimiento del sistema penal, como, por ejemplo, la prisión permanente revisable.

Este discurso se vende solo. Una respuesta sencilla a un problema complejo. Serviría de ejemplo en una clase de introducción al populismo, pero lo cierto es que las propuestas de Vox (a veces también del Partido Popular) tan solo sirven para tener las cárceles tan llenas como los cementerios.

Al final, el objetivo de una política pública que combata los asesinatos machistas debe ser que no se produzcan esos asesinatos. Con qué dureza se castiga a los criminales en nuestro país o si nuestro sistema penitenciario tiene que ser punitivo o buscar la reinserción social es un debate que se debe tener, también cuando hablamos de violencia machista, pero no tiene nada que ver con las políticas destinadas a acabar con la violencia de género.

La violencia, volviendo a la expresión utilizada por Olona, no se encuentra en el ADN del hombre, sino en el de la desigualdad. Combatir la violencia de género es una cuestión social, de educación y de feminismo. Se trata de educar a las futuras generaciones y reeducarnos a nosotros mismos para ser cada día un poco menos machistas.

La diputada de En Comú Podem, Mar García, le respondió a la señora Olona que “quien niega la verdad de la violencia pasada es cómplice de la violencia futura”. Puede parecer una afirmación un tanto drástica, pero así es. La violencia de género existe y negarla te convierte en parte del problema.



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