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  • Jorge Domingo Ferrando

La política inútil

Actualizado: jun 6


FOTO: EFE

“Si hay un momento para demostrar de qué sirve la política, es este […] y si no, es que no servimos para nada”. Estas fueron las palabras del diputado socialista, Patxi López, en la Comisión de Reconstrucción Social y Económica del Congreso de los Diputados. El objetivo de esta no es otro que armar entre todos los grupos parlamentarios una respuesta que permita al país superar la profunda crisis que ha causado el coronavirus en la sociedad española. Sin embargo, se ha convertido en un foro, otro más, destinado a crispar e insultar.

López, que ostenta el cargo de presidente de dicha comisión, tuvo que intervenir cuando el diputado de Izquierda Unida Enrique Santiago y la diputada de Vox Inés María Cañizares se enzarzaron en una discusión, después de que esta llamara a los miembros del Gobierno “pirómanos comunistas”. La situación se fue de las manos y Patxi López reprendió a los diputados y diputadas ante la mirada incrédula de la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, que había asistido a la comisión para explicar los planes económicos del Ejecutivo para salir de la crisis.

Pero ahí no acaba la cosa. También hubo espectáculo en la sesión matutina. "A ustedes les gustaría dar un golpe de estado, pero no se atreven", espetó el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, al portavoz de Vox en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, quien, ante tales acusaciones, decidió abandonar la comisión. La tercera vez, por cierto, que lo hace desde que esta se constituyera el pasado 7 de mayo. Pero si la situación no era lo suficientemente tensa y bochornosa, Iglesias le pidió con sorna “cierre la puerta al salir, señoría”.

Ese mismo día la multinacional japonesa Nissan anunciaba el cierre de su planta de producción en Barcelona, lo que se traduce en la destrucción de 3.000 puestos de trabajo directos y otros 20.000 indirectos. También la multinacional estadounidense Alcoa comunicaba un despido colectivo para 534 empleados en su planta de producción de aluminio de Lugo como medida preparatoria para el cierre total de las instalaciones. No obstante, durante esa jornada en el Parlamento estaban hablando de golpes de estado y de pirómanos comunistas.


España se está enfrentando a una crisis sanitaria, social y económica sin precedentes, causada por la pandemia de la Covid-19. Ya han muerto, según las cifras oficiales, cerca de 30.000 personas en el país. El paro se ha disparado hasta alcanzar los 3,3 millones, mientras la pobreza se extiende y obliga a las personas a hacer colas de 7 horas para que les den una bolsa de comida. Durante los meses de confinamiento tres mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas, al tiempo que las llamadas al teléfono de ayuda a las víctimas de violencia de género se han disparado un 60%. Y así, un sinfín de problemas que afectan a la gente corriente y que la política tiene que resolver.

Sin embargo, el debate está protagonizado por las salidas de tono y exabruptos de los representantes públicos, mientras las cuestiones importantes pasan desapercibidas entre acusaciones de fascismo y comunismo, que ya se han convertido en un habitual de la crónica parlamentaria. Muy desconectada tiene que estar la clase política de la realidad y muy mal debe expresarse la ciudadanía para que sus representantes piensen que en lugar de políticos prefieren a unos hooligans.

Se ha extendido mucho la idea de que después de la pandemia saldremos siendo mejores como sociedad. Eso todavía está por ver, pero lo que ha quedado claro es que la clase política sigue cómoda en el barro y que no tiene ningún interés en darse una ducha.

Tenemos un Gobierno torpe en las formas, incapaz de construir consenso, incluso con sus propios socios de investidura, y que se ha dejado arrastrar en demasiadas ocasiones al fango en el que la extrema derecha ha convertido la política. Y una oposición beligerante y faltona, incapaz de construir y que tiene puesta la cabeza en unas futuras elecciones generales más que en la reconstrucción de España.

La pandemia ha obligado a este país a llevar a cabo medidas nunca vistas para garantizar el bienestar de las personas, proteger el empleo y salvar vidas. Se han tomado decisiones importantes para amarrar el presente y todavía quedan otras tantas por tomar para asegurar el futuro. Nos jugamos mucho. Nos lo jugamos todo. Sin embargo, estamos hablando del FRAP, de ETA, de Venezuela e Irán, de los marxistas y los comunistas, de los fascistas y los golpistas. Cuando más necesita la gente de sus representantes públicos, es triste ver que solo pueden ofrecer la política más inútil.



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