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  • Jorge Domingo Ferrando

La invasión africana que no llega


FOTO: EFE

Si le pides a alguien que piense en cuál es la imagen que asocia con la inmigración en España, es posible que lo primero que le venga a la mente sea un grupo de migrantes saltando la valla de Ceuta o Melilla. También una patera proveniente de África a la deriva en el Mediterráneo o puede que algunas personas incluso te hablen de los menores extranjeros no acompañados. Sin embargo, todas estas imágenes son solo una parte residual de lo que la inmigración representa para España.

Ciertos sectores políticos, capitaneados por la ultraderecha, hablan de la supuesta invasión africana que está sufriendo Europa. La construcción de esta narrativa se fundamenta en el relato de hordas de migrantes pobres que entran de manera ilegal en los países occidentales para delinquir, al mismo tiempo que imponen su religión y cultura a la población autóctona.

Nada más alejado de la realidad. Basta con navegar unos minutos por la página web del Instituto Nacional de Estadística y consultar las cifras del Padrón Continuo para descubrir que esa invasión de la que hablan no se está produciendo.

Al finalizar 2019, en España residían 6.753.098 personas que habían nacido en el extranjero, contando tanto aquellas que habían conseguido la nacionalidad española como aquellas que conservaban la de su país de origen. De estas, el grupo más numeroso es el de inmigrantes americanos con 2.859.949 de ellos viviendo en España. Los siguen de cerca las 2.174.870 personas nacidas en otros países europeos.


FUENTE: Instituto Nacional de Estadística

Por su parte, la población africana es de 1.220.264 inmigrantes, lo que los convierte en el tercer colectivo de extranjeros con mayor presencia en España. Así, vemos que la teoría de una supuesta invasión orquestada desde África para destruir Europa, en general, y España, en concreto, se desmorona ante la realidad de los datos.

Por lo tanto, o se acepta la verdad que muestran estas cifras y se abandona la retórica discriminatoria contra los inmigrantes africanos o habrá que empezar a hablar de la invasión americana y, por supuesto, de la alarmante cantidad de ciudadanos europeos no españoles que tienen su lugar de residencia dentro de nuestras fronteras.

Aquí es donde aparece la acusación de racismo, pues aquellos que ven en el inmigrante africano un peligro, no son capaces de ver el mismo potencial dañino en otros colectivos provenientes de otras regiones del mundo y que son más numerosos en España.

La primera invasión

Pero si lo que preocupa es el aumento de población extranjera dentro de nuestras fronteras, es necesario echar la mirada atrás y descubrir que ya hubo una primera invasión con un resultado asombroso: crecimiento económico sin precedentes y riqueza para todos.

Desde finales de la década de 1990 hasta 2008, España protagonizó un periodo de crecimiento económico nunca visto en su historia reciente, durante el cual se crearon millones de puestos de trabajo, principalmente en los sectores de la construcción y los servicios. Para dar respuesta a aquella demanda masiva de mano de obra, llegaron al territorio español millones de inmigrantes extranjeros.

En el año 2000, el número de personas ocupadas nacidas en el extranjero era de menos de medio millón. Ocho años después esa cifra se multiplicó por seis hasta alcanzar los tres millones de trabajadores migrantes. La llegada anual de extranjeros aumentó de aproximadamente 300.000 en 2000 a más de 900.000 en 2007, mientras que el número de personas nacidas en el extranjero residentes en España alcanzó un máximo de más de 6,5 millones.

FUENTE: Instituto Nacional de Estadística

El auge inmigratorio internacional experimentado por España acabó con la crisis económica de 2008, aunque el número de inmigrantes no dejó de crecer hasta algunos años después.

España se había alzado como protagonista indiscutible de la inmigración internacional en Europa y en el mundo gracias a su enorme crecimiento económico. La gran cantidad de extranjeros que llegaron al país en aquel periodo de bonanza económica permitió que la sociedad española viviera sus mejores días.

Es indiscutible que la población inmigrante jugó un papel decisivo en aquel momento y que su aportación a la buena marcha del Estado español queda fuera de toda duda. Por ello, parece lógico pensar que adoptar una posición racista o xenófoba cuando las cosas empezaron a ir mal no era la opción más razonable.

A día de hoy sigue sin tener mucho sentido este discurso, pues que una persona que vive y trabaja en nuestro país no haya nacido en España o no ostente la nacionalidad española, no quiere decir que su aportación al progreso del Estado sea cero. Para algunos será duro admitirlo, pero el país no puede funcionar sin la inmigración.

Además, si necesitamos a los inmigrantes para trabajar, tiene sentido que también contemos con ellos a la hora de repartir los beneficios, reconocer derechos y proteger sus vidas. Otra cosa sería defender la idea de que existen personas de primera y personas de segunda. Incluso, en algún punto se podría acabar defendiendo la esclavitud.

Flujos migratorios en África

Si dirigimos la mirada a África y prestamos atención a sus flujos migratorios descubrimos que, aunque los datos puedan contradecir algunas retóricas alarmistas, la mayoría de los migrantes africanos se traslada a otros países dentro del propio continente. En 2019 fueron 21 millones de personas africanas las que residían en un país vecino frente a los 19 millones que habían abandonado el continente, según el World Migration Report 2020 de las Naciones Unidas.


La proximidad geográfica o el pasado colonial común hace que Europa sea un destino popular entre los migrantes africanos, especialmente para los provenientes de países del Norte. Por ello, el Viejo Continente era en 2019 el hogar de 10,6 millones de personas nacidas en África, frente a los 4,6 millones que viven en Asia o los 3,2 que residen en Norte América.

Sin embargo, entre los 20 flujos migratorios más transitados del continente africano, solo cinco tienen como destino Europa y solo uno, España. El resto de las rutas acaban dentro de África, exceptuando los cuatro trayectos asiáticos.

FUENTE: World Migration Report 2020, ONU

Es necesario combatir el relato antinmigración y desmotar las mentiras que lo rodean. Europa necesita inmigración. España necesita inmigración. Se ha podido ver durante la crisis del coronavirus cuando los jornaleros extranjeros que llegaban todos los años para la recolecta no lo hacían a causa de la pandemia y la amenaza de perder las cosechas se hacía palpable.

La inmigración es un fenómeno que ha existido a lo largo de toda la historia de la humanidad y, a pesar de su mala prensa, ha sido uno de los fenómenos que mayor crecimiento económico y bienestar social ha generado. Antes cuando los europeos hacían las Américas, ahora cuando los africanos hacen las Europas.



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