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  • Jorge Domingo Ferrando

Crisis, ciencia y prioridades


FOTO: Ministerio de Ciencia e Innovación

Una crisis te obliga a establecer prioridades. Ante la amenaza es necesario decidir qué necesita ser salvado de inmediato y qué puede esperar. Tanto la crisis financiera del 2009 como la pandemia de la Covid19 nos han enseñado que en España el turismo siempre juega con ventaja. El sector representa el 12,3% del Producto Interior Bruto (PIB) y emplea a 2,6 millones de personas.

El resultado de la política económica de las últimas décadas, centrada en proteger el turismo a toda costa, ha sido que diversos sectores productivos se hayan quedado en el camino de la recuperación heridos de muerte. El ejemplo más claro es la ciencia y la investigación.

El máximo histórico de inversión pública en I+D+I tuvo lugar en el año 2009, cuando los Presupuestos Generales del Estado destinaban el equivalente al 1,64% del PIB a la investigación y la ciencia. Sin embargo, la llegada de la crisis puso fin al crecimiento de las inversiones en el sector para dar paso a la tijera.

Los recortes acumulados en investigación y ciencia ascienden a los 20.000 millones de euros, según el informe DECIDES, publicado por la Confederación de Sociedades Científicas de España en 2015.

Como consecuencia, España se ha quedado atrás en el terreno de la I+D+I en comparación con sus socios comunitarios. Mientras que la inversión actual del Estado se sitúa en el 1,24% del PIB, la media europea es del 2,06%, según Euroestat. Además, el dato español se aleja muchísimo del compromiso adquirido con la Unión Europea de que esta partida fuera de 3% del PIB en 2020.

Algunos socios comunitarios, no obstante, sí que han cumplido con este objetivo. Es el caso de Suecia y Suiza con una inversión del 3,3%, de Dinamarca con el 3,1% y de Alemania con una del 3%.


Además, a parte de los recortes presupuestarios que la ciencia sufrió desde 2010, se suma el hecho de que las partidas de gasto no se ejecutan en su totalidad. En 2018, por ejemplo, el presupuesto en ciencia era de 7.003 millones de euros, de los cuales solo se ejecutaron 3.278 millones. En el ejercicio anterior, 2017, solo se desembolsó un 29,7% de la cantidad prevista.

Con el objetivo de revertir esta situación y recuperar el sector científico e investigador en España, el Gobierno de Pedro Sánchez presentó el pasado jueves el Plan de choque para la ciencia y la innovación con una dotación de 1.056 millones de euros.

El Plan, que cuenta con 17 medidas, está estructurado alrededor de tres ejes, centrados en la investigación e innovación en la salud, la transformación del sistema de ciencia y la atracción y recuperación de talento, y el impulso a la I+D+I empresarial.

Aunque se trata, sin duda, de un paso importante hacia el fortalecimiento del sector científico, la medida está muy lejos de ser suficiente para colocar a España al mismo nivel que sus vecinos europeos.

Según contaba Xavier Ferràs, profesor en Esade especializado en innovación, en una entrevista para La Vanguardia en enero de este año, el déficit tecnológico para alcanzar los objetivos europeos es de 21.213 millones de euros. Es decir, que esta es “la inversión que debería realizar la economía española, tanto a escala pública, como privada, para poder situarse en el 3%”.

El abandono que ha sufrido la ciencia en España en la última década ha convertido la labor investigadora en un trabajo precario e inestable, obligando así a miles de científicos y científicas españolas a abandonar el país.

A principios de la semana pasada también se conoció la resolución de las ayudas a la investigación para postdoctorales [personas que ya han leído su tesis] que concede el Gobierno a través del Ministerio de Ciencia. Se trata de los programas Ramón y Cajal, Juan de la Cierva (formación e incorporación) y Torres Quevedo, las cuatro principales ayudas públicas a la investigación.

Este año se han otorgado 828 ayudas, pero desde la Federación de Jóvenes Investigadoras (FJI/Precarias) aseguran que “es imposible estar contentos”. Así se manifestaba su presidente, Pablo Giménez, en una entrevista en elDiario.es, en la que añadía que "en este país no es que tengas que ser excelente, es que tienes que ser el mejor entre los mejores para obtener un contrato precario”, ya que se quedan fuera de estas ayudas personas con un currículum valorado con más de 90 puntos sobre 100.

"Desde que yo entré en este mundo nos dicen que 'mañana'. Estamos un poco cansados de promesas. Mientras, cada día se amontonan más jóvenes en el exterior que quieren volver pero no pueden. Estamos en una situación límite", afirma Giménez.

Los últimos balances del Observatorio para la Investigación e Innovación de la Comisión Europea, publicados en 2016, estiman que solo entre 2010 y 2015 alrededor de 12.000 investigadores e investigadoras se fueron al extranjero por falta de oportunidades laborales en España.

Así, mientras otros países afrontaron la crisis financiera con un fortalecimiento del sector científico y buscaron la recuperación económica a través de la innovación y la industria, España eligió otro camino.

Diez años después la pandemia del coronavirus ha dejado al descubierto las debilidades que aquellas decisiones han generado en el sistema económico, laboral y social español.

Ahora nadie puede negar que es necesario reconstruir un tejido industrial fuerte en España, fundamentado en la investigación y la ciencia. El modelo del sol y playa no puede ser nunca más el gran orbe sobre el que se asienta la economía del país. Una crisis te obliga a establecer prioridades, sí, pero también te enseña lecciones. Esperemos haber aprendido.



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